A.-Ordenadores y consolas
Tras el boom de las portátiles, el juego en el hogar se dividió en dos mundos con filosofías muy distintas: las consolas de sobremesa, pensadas para conectar al televisor y jugar de forma inmediata, y los ordenadores personales de 8 y 16 bits, que combinaban programación, ofimática y videojuegos.
Las Consolas de Sobremesa: Simplicidad y Salón
Nacieron con la idea del "insertar y jugar" (plug and play). Su evolución se define por generaciones marcadas por la potencia gráfica y el formato:
Era de 8 y 16 bits (Años 80–90): Dominada por la NES y la SEGA Master System en los 8 bits, e Super Nintendo (SNES) y SEGA Mega Drive en los 16 bits. Introdujeron los sprites en 2D detallados, las grandes franquicias (Super Mario, Sonic) y el chip de sonido dedicado.
El salto al 3D y CD-ROM (Mediados de los 90): La Sony PlayStation, SEGA Saturn y Nintendo 64 revolucionaron el sector cambiando los cartuchos por discos ópticos (mayor capacidad a menor coste) y pasando de los gráficos 2D a los polígonos tridimensionales.
Los Ordenadores de Videojuegos: Teclado y Cintas
A diferencia de las consolas, el ordenador exigía teclear comandos para cargar los juegos, pero a cambio ofrecía flexibilidad total y catálogos enormes (muchos creados por desarrolladores independientes en sus propias casas).
La era de los 8 bits (Gran Bretaña y Europa): Equipos como el ZX Spectrum, Commodore 64, Amstrad CPC y el estándar MSX. Utilizaban cintas de casete como soporte principal (con tiempos de carga de varios minutos) e impusieron géneros como las videoaventuras, la estrategia y el texto.
El salto a los 16 bits: Sistemas como el Commodore Amiga y el Atari ST mostraron una capacidad gráfica y de sonido muy por encima de las consolas de su época, convirtiéndose en referentes del videojuego técnico antes de la estandarización del PC con MS-DOS y Windows.